miércoles 21 de octubre de 2026
«PADRE PATRICIO SÁNCHEZ: NO FUE CASTIGO DE DIOS, FUE TRAGEDIA; BURLARSE DE SU MUERTE ES OTRA TRAGEDIA.»
Después de varios días de discernimiento, oración y reflexión, y cuando ya ha bajado un poco el boom de la noticia, la viralidad de las imágenes, los comentarios y tantas interpretaciones que circularon alrededor de esta dolorosa tragedia, he decidido escribir estas líneas. No desde el impacto del momento, sino desde la serenidad que permite pensar, orar y discernir antes de hablar.
La muerte del padre Patricio Sánchez en el altar puede parecernos extraña, estremecedora y hasta rodeada de interrogantes. Pero lo misterioso no siempre es milagroso, y lo trágico no siempre es castigo. La fe comienza precisamente donde termina la superstición compulsiva y el esoterismo práctico.
No convirtamos un accidente en una sentencia de Dios. No hagamos del crucifijo que cayó una supuesta arma del cielo, ni una Eucaristía como acto de ajusticiamiento, ni del altar un tribunal divino. Dios no necesita aplastar a un sacerdote para enviarnos un mensaje, la enseñanza de Dios estuvo minutos antes en la homilía y sermón aleccionador.
Y mucho menos usemos una muerte para fabricar memes, burlas, carcajadas y convertir la tragedia ajena en combustible para nuestra propia viralidad en las redes sociales. Son los “paparazzi” del infortunio. Porque cuando el dolor ajeno se convierte en entretenimiento, el problema ya no está en cómo murió aquel sacerdote, sino en cómo estamos viviendo nosotros.
También es peligroso buscar versículos para justificar lo que nuestra imaginación ya decidió. La Biblia ilumina los acontecimientos; no fue escrita para alimentar supersticiones, condenar muertos ni satisfacer prejuicios contra la Iglesia.
Quizás lo verdaderamente inquietante de esta tragedia no sea que un crucifijo haya caído sobre un sacerdote, sino comprobar cuánta superstición, odio, morbo e insensibilidad pueden caer sobre un muerto después de su muerte.
Si ante aquella escena usted oró, guardó silencio, sintió compasión y respetó el dolor de su familia y de su comunidad, escogió el camino correcto: el de la humanidad y la fe.
Si se burló, condenó o aseguró que aquello era “castigo de Dios”, todavía está a tiempo de revisar su conciencia.
Porque la cruz que cayó accidentalmente puede levantarse; la conciencia que se acostumbra a reírse del dolor ajeno puede terminar mucho más destruida. Quien utiliza una muerte para hacerse viral no informa sobre una tragedia: se aprovecha de ella.
«No juzguen, para que no sean juzgados.» (Mateo 7,1)
— Padre José Palmar
