domingo 18 de octubre de 2026
«LA MONEDA TIENE LA IMAGEN DEL CÉSAR; TÚ TIENES LA IMAGEN DE DIOS. ¡NO TE VENDAS!»
En el Evangelio de hoy Domingo: Jesús tomó una moneda y preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?» Era del César.
La moneda podía volver al César porque llevaba grabada su imagen. Pero tú no eres una moneda. Tú llevas grabada la imagen de Dios.
Ahí comienza el drama de nuestro tiempo: hay personas que saben perfectamente cuánto tienen, pero han olvidado cuánto valen. Tienen precio para todo y principios para casi nada. Por dinero traicionan amistades, destruyen familias, compran silencios, venden conciencias, separan matrimonios, procrastinan la fe y hasta pretenden negociar con Dios.
¡No te vendas!
El dinero puede estar en tus manos, pero jamás permitas que llegue a ocupar tu corazón. Porque cuando el dinero deja de ser instrumento y se convierte en dios, el hombre deja de ser dueño y termina siendo esclavo.
La moneda lleva el rostro del César. Tu alma lleva la huella del Creador.
Por eso, paga lo que debas, trabaja, produce, administra, prospera y cumple tus responsabilidades. Pero no pongas precio a tu dignidad, a tu conciencia, a tu familia, a tu fe ni a tu fidelidad a Dios.
Porque llegará el día en que dejarás aquí cada moneda que acumulaste, cada propiedad que defendiste y cada cuenta que llenaste. Y delante de Dios no te preguntarán cuánto tuviste, sino qué hiciste con lo que recibiste y en quién pusiste tu corazón.
Al César puedes darle una moneda.
A Dios tienes que entregarle la vida.
Y recuerda: si por dinero tienes que vender tu conciencia, el negocio ya comenzó con pérdidas: el primer producto que vendiste fuiste tú mismo. …El político que vende su conciencia por dinero no solo se corrompe a sí mismo: hipoteca el futuro de su pueblo y deja a la patria pagando la factura de su traición…. El sacerdote que corre detrás de la limosna y no detrás de las almas ha confundido el altar con un mostrador: cuando importa más la ofrenda que el Evangelio, Judas vuelve a contar las monedas….Trabajador no vendas tu vida por un salario: la empresa reemplaza al empleado mañana, pero tus hijos jamás recuperarán al padre que no estuvo, ni tu cuerpo la salud que entregaste por dinero. Cobra por tu trabajo, pero jamás permitas que te paguen con tu vida. Dato final: -Haz dinero, pero no te vendas por él. Quien pone precio a su conciencia ya se convirtió en mercancía-.
«Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.» — Mateo 22,21
— Padre José Palmar
