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Palabra del Día

jueves 22 de octubre de 2026

«LA FE NO ES GRITARLE AL CIELO: ES SINTONIZAR EL ALMA CON AQUEL QUE CREÓ EL CIELO.»

Orar no es acumular palabras, repetir fórmulas ni leer páginas sin que el corazón participe. La oración eficaz comienza cuando tu interior entra en coherencia con aquello que estás pidiendo. Los pensamientos son semillas de fe y las palabras son el fertilizante de crecimiento.

No puedes pedir paz mientras alimentas odio.
No puedes pedir luz mientras abrazas oscuridad.
No puedes pedir sanación mientras cultivas heridas.
No puedes decir que confías en Dios mientras tu alma vive gobernada únicamente por el miedo.

No puedes pedir trabajo, prosperidad o recursos mientras permaneces inmóvil, desperdicias oportunidades y esperas que Dios haga por ti lo que también te corresponde hacer.

Orar es conectarte.
Con Dios.
Con tu interior.
Con los demás.
Con la creación entera.

Yo creo que existe una profunda relación entre nuestra energía interior, nuestra frecuencia espiritual y la armonía de una creación que procede de Dios. No porque el universo sea Dios, sino porque el universo lleva las huellas de Dios.

El cielo, la tierra, los mares, las estrellas, el viento, nuestro cuerpo, los ángeles y toda la creación nos recuerdan que no estamos solos ni desconectados.

Por eso, cuando ores, no solamente hables. Siente. Escucha. Agradece. Perdona. Respira. Contempla. Confía.

Haz que tu vibración interior sea compatible con tu plegaria.

Si pides amor, vibra en amor.
Si pides paz, conviértete en paz.
Si pides bendición, comienza bendiciendo.
Si pides misericordia, aprende a ser misericordioso.

Porque algunas veces no necesitamos que Dios cambie el universo para nosotros. Necesitamos permitir que Dios cambie primero nuestro universo interior.

Y cuando eso ocurre, la oración deja de ser un grito desesperado hacia el cielo y se convierte en una auténtica comunión con el Creador.

No ores solamente para que Dios te escuche. Ora también hasta que tu alma aprenda a escuchar a Dios. HAY ORACIONES QUE NO FRACASAN PORQUE DIOS NO ESCUCHE, SINO PORQUE EL ALMA SIGUE AFERRADA A TODO AQUELLO QUE LE PIDE A DIOS QUE CAMBIE.

«Todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido, y lo obtendrán.» (Marcos 11,24)

— Padre José Palmar

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