miércoles 7 de octubre de 2026
El Rosario: más que una oración, una meditación.
El Rosario no es simplemente repetir Avemarías; es entrar con María en la contemplación de la vida de Jesús.
Cada misterio es una escena del Evangelio que se abre ante nosotros: Belén, Nazaret, el Jordán, el Calvario, el sepulcro vacío… Mientras los labios oran, la mente contempla y el corazón medita.
Las Avemarías marcan el ritmo, pero Jesús es el centro. María nos toma de la mano y nos conduce por los misterios de su Hijo, enseñándonos a mirarlo con sus propios ojos.
Por eso, rezar el Rosario no es repetir por repetir. Es detenerse, contemplar, escuchar y permitir que cada misterio ilumine nuestra propia vida.
El Rosario se reza con los labios, se medita con la mente y se contempla con el corazón.
«María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.» — San Lucas 2,19
— Padre José Palmar
