martes 20 de octubre de 2026
«CUIDAMOS EL CUERPO PARA NO MORIR, PERO DESCUIDAMOS LA MENTE HASTA DEJAR DE VIVIR.»
Nos alarmamos cuando sube la presión, cuando duele el pecho, cuando aparece una masa o cuando un examen sale alterado. Corremos al médico, buscamos tratamiento y pedimos oración. Pero cuando se enferma la mente, demasiadas veces decimos: “eso se le pasa”, “pon de tu parte”, “deja de pensar tonterías” o, “otra vez con lo mismo de siempre”, peor aún, guardamos silencio.
Y mientras callamos, alguien puede estar derrumbándose dentro de nuestra propia casa, y hasta el ser con quien dormimos se está desboronando por dentro y hacemos caso omisos.
La depresión, los trastornos de ansiedad, las adicciones, los trastornos de la conducta alimentaria, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, la desrealización, dismorficidad corporal, excoriación y otras enfermedades mentales son problemas reales de salud, no falta de carácter, de voluntad ni de fe. Necesitan escucha, acompañamiento y, cuando corresponde, atención profesional.
Mira hoy hacia dentro de tu hogar. Tal vez esa persona que duerme demasiado no sea simplemente “floja”. Quizás quien se aísla no sea “antipático”. Tal vez quien dejó de disfrutar lo que antes amaba no necesite un regaño, sino ayuda. Y esa sonrisa permanente quizá esté escondiendo una batalla que nadie ha preguntado cómo va.
No esperemos a que el sufrimiento grite para reconocer que llevaba meses susurrando; impresionante cifra, casi 1 de cada 7 personas en el mundo vive actualmente con un trastorno mental.
CON LA PALABRA “LOCO” QUEREMOS EXPLICARLO TODO; PERO AL ETIQUETAR A UNA PERSONA, DEJAMOS DE COMPRENDER SU DOLOR. Preguntemos: ¿Cómo estás de verdad? ¿Qué estás sintiendo? ¿Quieres que busquemos ayuda juntos?
La salud mental no es una moda ni un asunto secundario. También se enferma aquello que no podemos ver. Y lo invisible también necesita cuidado.
No ridiculices. No etiquetes. No minimices. No espiritualices todo sufrimiento como si buscar ayuda profesional fuera falta de fe. Acompaña, escucha, ora y ayuda a buscar atención adecuada.
Porque quizá hoy alguien muy cerca de ti no necesita que le expliques la vida: necesita descubrir que no tendrá que enfrentar solo su dolor.
Cuida el corazón, cuida el cuerpo, pero también cuida la mente. Porque sobrevivir no basta: hay que ayudar a las personas a recuperar las ganas de vivir.
«El Señor está cerca de los corazones quebrantados, salva a los espíritus abatidos.» — Salmo 34,19
— Padre José Palmar
